El término sensibilidad aparece definido en el Diccionario de la R.A.E. relacionado con la física, la biología, la psicología, entre otros. En esta última acepción se plantea como la facultad de sentir, propia de los seres humanos y la propensión natural del hombre a dejarse llevar de los afectos de compasión, humanidad y ternura. Asimismo refleja la tendencia natural del hombre a sentir emociones, y sentimientos, y la capacidad de entender y sentir ciertas cosas, como el arte.

El Diccionario de términos psicopedagógicos de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles da una definición que la relaciona muy de cerca con el concepto de reflejocondicionamiento al destacarla como la propiedad del organismo de reaccionar a agentes no vitales que se convierten en señales de los agentes que sí son biológicamente significativos, si bien al hablar de sensibilización la ubica como el aumento de la sensibilidad que se produce fundamentalmente por los efectos de la compensación y la ejercitación.

La sensibilidad es entonces considerada en sus términos más estrechos con el desarrollo psicológico del hombre, como la capacidad humana para percibir y comprender el estado de ánimo, el modo de ser y de actuación de las personas, asimismo de la naturaleza de las circunstancias y los ambientes en que la misma se manifiesta, y que se valora como una base importante para el desarrollo de un comportamiento cooperador y solidario hacia los demás.

PARTICULARIDADES EDUCACIÓN INFANTIL

La sensibilidad puede entenderse como la facultad de experimentar impresiones físicas, y esto es una función que corresponde a los nervios, y se relaciona directamente con el proceso psíquico de la percepción, pero también con la facultad de sentir vivamente, y en este caso se conecta con la emotividad, los sentimientos de compasión y de humanidad, y directamente con todas las manifestaciones del arte. Desde este punto de vista la sensibilidad está muy concatenada con los procesos afectivos.

El niño debe ser sensible a las cosas de su entorno, pues este es el primer paso para poder sentir hacia aspectos más complejos de la actividad humana. Si al niño se le enseña desde muy pequeñito a querer a una mascota, como puede ser un perro o un gatito, se están sentando las bases para el desarrollo de una actitud de cuidado y protección de los animales; si se le enseña a cultivar una rosa, se le está inculcando el amor a la naturaleza; si se le asoma a la ayuda a un ser desvalido, se sientan las bases de la compasión y la cooperación humanas.

Asimismo el amor a la música, a una creación plástica, a un cuento literario, entre otras muchas manifestaciones de la conducta humana, tienen en su base la posibilidad de sentir, de emocionarse ante el hecho visto, es una prueba de la  sensibilidad del niño hacia las cosas del mundo que le rodea.

La sensibilidad, como valor o cualidad humana, por lo tanto, no puede trabajarse de forma pedagógica directamente, sino mediante actividades que en su base promuevan el afloramiento de sentimientos y no solo de conocimientos, actividades que han de ser muy diversas pero en las que siempre prime lo afectivo.

Al niño ha de enseñársele a emocionarse por las cosas bellas desde la más temprana edad, ello constituye la base sobre la que la sensibilidad, en su sentido más general, se forma. Y lo que distingue una actividad pedagógica enfocada a formar la sensibilidad de cualquier otra cognoscitiva, es que se desarrollen vivencias positivas y el niño se emocione vivamente ante lo que se le enseña.