La paciencia aparece definida con variadas acepciones en el Diccionario de la R.A.E., entre ellas se plantea desde el punto de vista del desarrollo psíquico como la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse, el saber esperar cuando algo se desea, la capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas.

Otros diccionarios la plantean como la perseverancia en realizar algo, o la aptitud del ser humano para soportar cualquier contratiempo o dificultad y soportarlos con resignación, la tranquilidad para esperar, o la calma para realizar trabajos minuciosos.

En términos generales se considera como una importante característica de la personalidad que apoya o afirma la manifestación de otros valores, como sucede en el caso de la perseverancia, la resiliencia o la tolerancia, por solo nombrar a algunos.

PARTICULARIDADES EDUCACIÓN INFANTIL

Se define la paciencia como la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse, también la capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas, o la facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.

El niño de cero a seis años actúa de acuerdo con sus impulsos y deseos inmediatos; no sabe esperar y mucho menos tener paciencia, siempre quiere ser complacido de inmediato.

En la medida que los  procesos psíquicos tales como el lenguaje, la memoria, el pensamiento se van desarrollando en el niño, el adulto puede trabajar para desarrollar el autocontrol y la regulación de la conducta y es entonces, y aparejado a este desarrollo, que podemos enseñarle a tener paciencia.

Hay que enseñar al niño a saber esperar su turno en la fila, su turno en el juego, saber escuchar al adulto, contestar a las preguntas del maestro en el momento que le  corresponde, etc.

Ante el sistema de demandas que impone el adulto y el aprendizaje paulatino y consecuente de que las cosas no pueden tener retribución inmediata, que todo no puede darse de acuerdo con los deseos, el niño va aprendiendo a ser paciente, si bien, aún en las etapas más tardías de la primera infancia, esta cualidad psíquica es aún muy endeble y fácilmente cede ante la estimulación fuerte, esta es una conducta normal que no debe interpretarse como malacrianza, sino tan solo como mecanismos de regulación de la conducta aún no suficientemente estables y formados.

De esta manera en el proceso educativo no existen actividades para “ser paciente”, sino actividades que en su realización implican el diferir la gratificación inmediata, el seguir un determinado proceso, el postergar el logro, y esto poco a poco va conformando la cualidad psíquica de la paciencia.