La definición del concepto Obediencia aparece en la mayoría de los diccionarios como el cumplimiento o realización de lo que se manda, de lo que se ordena o de lo que es normativo, el modo de ser de quien cumple lo que se le conmina, o es preceptivo. En sentido preciso aparece que obedecer es aceptar y cumplir la voluntad de una autoridad, y la obediencia es el hecho o el hábito de comportarse así, si bien en una perspectiva más amplia puede llamarse obediencia al acto de cumplir los deseos de otro, aunque no sea una autoridad.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua la plantea como la acción de obedecer.

Algunas otras fuentes destacan a la obediencia como el cumplir con un mandato o con un precepto y se plantea que es un hábito moral por el cual se ejecuta una orden de un superior con el intento preciso de cumplir con lo acordado.

En sentido amplio se dice que existen tres tipos generales de obediencia, tales como la obediencia a la autoridad, a los demás y de la autoridad, pues obedecer implica, en diverso grado, la subordinación de la voluntad a una autoridad, el acatamiento de una instrucción, el cumplimiento de una demanda o la abstención de algo que prohíbe.

No obstante, existe una variada gama de obediencias: infantil, militar, solidaria, sociológica, religiosa, jurídica, política, entre otras muchas.

PARTICULARIDADES 1 Y 2 PRIMARIA

Obedecer es aceptar y cumplir la voluntad de una autoridad, y la obediencia es el hecho o el hábito de comportarse así, si bien en una perspectiva más amplia puede llamarse obediencia al acto de cumplir los deseos de otro, aunque no sea una autoridad.

Cuando el niño y la niña llegan a la escuela ya tienen una experiencia amplia en su proceso de socialización, por lo que al momento de su ingreso tienen ya una proyección bastante definida ante la disciplina y el acatamiento de la orientación de los mayores que, por lo general es aceptable, aunque haya niños y niñas que presentan serias deficiencias en su socialización, y por lo tanto, en sus posibilidades de obedecer a la autoridad escolar, representada por el maestro.

De igual manera, el hecho de que en algún momento en el transcurso del primer grado puede presentarse la crisis del desarrollo de los 6-7 años, como fase natural del desarrollo, puede acarrear problemas en la disciplina de estos alumnos que obliga al maestro a utilizar los métodos más apropiados para sobrepasar la crisis sin que se presenten elementos disociadores en la formación de la personalidad de estos alumnos.

Las actividades grupales que obligan a los alumnos a someterse a un plan de acción general a todos, son formas organizativas que colaboran en mucho a asimilar la obediencia, pues sin acatar la voluntad de todos no es posible participar en las tareas, es por ello que el maestro debe valorizar este tipo de actividades.

La utilización dentro de la dinámica del aula de decálogos o códigos de normas y procedimientos a aceptar y cumplir por todos, son también acciones que ayudan a los alumnos a obedecer y acatar las normas, pues las mismas han sido elaboradas con el consenso del grupo, que puede rechazar a un alumno específico si el mismo no se aviene a los que son los acuerdos de todos.

Los análisis periódicos de la propia conducta y su evaluación grupal como parte habitual del proceso educativo en el aula, es una vía muy importante para afianzar la obediencia en los alumnos, y convertirla en un propósito interior de la conducta individual de los alumnos.

PARTICULARIDADES 3 O SUPERIOR PRIMARIA

Es fundamental tener en cuenta para el desarrollo de la obediencia o de cualquier valor en estas edades, en primer lugar, hay que lograr que los niños participen en cada una de las actividades que se desarrollen, pues la formación de cualidades morales no se logra solamente al conocer, lo que significa conducirse de una manera determinada y la trascendencia de una actuación incorrecta, sino al lograr que sienta la necesidad de obrar de acuerdo con las normas establecidas.

Para que sienta la necesidad de actuar conforme a estas normas, es necesario que no sólo conozca la acción misma, sino despertar en él sentimientos positivos al realizarla, al sentir el reconocimiento de sus compañeros, maestros y adultos que lo rodean. Cuando en el niño se despiertan sentimientos favorables hacia la actividad que realiza, logrará desarrollar cualidades y actitudes que le permitan actuar en una forma y no de otra.

De acuerdo con lo anteriormente planteado, las actividades deben estar dirigidas a desarrollar en ellos vivencias positivas relacionadas con los contenidos que reflejen las cualidades, normas y valoraciones positivas de nuestra sociedad. Desempeña un papel esencial en este sentido la capacidad expresiva de quien dirige la actividad, de su ejemplo, del respeto y autoridad que es capaz de despertar en sus alumnos por supuesto con métodos asertivos y no impositivos.

Resumiendo, desde que el niño se siente como escolar ya puede ser capaz de asimilar algunos procedimientos de gran importancia para el trabajo docente y para su comportamiento, por ejemplo, como comparar su trabajo con lo que debía haber logrado, realizar autovaloraciones bastante objetivas sobre su conducta, descubrir y rectificar sus propios errores. Ya ha logrado avances significativos en el desarrollo de la voluntad, que le permiten trazarse sencillas metas, tales como: ser obediente ante las demandas y obligaciones que se le plantean de manera justa y adecuada y que están dentro de sus posibilidades.