La amabilidad se define inicialmente por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española como la cualidad de ser amable. En este sentido define el ser amable como aquel que es afable, complaciente, y afectuoso en el trato con los demás, y por tanto, por esa condición es digno de ser amado. Esto relaciona estrechamente al concepto de amabilidad con el de amor a los demás.

La amabilidad, por su carácter más relacionado con una actitud se define entonces como un valor, en la medida en que se convierte en una práctica habitual mediante una disposición afectuosa, que dispone al sujeto a pensar, sentir y comportarse de manera amable.

Otros diccionarios la definen como una disponibilidad permanente, libremente asumida y ejercida de conducirse de forma amable, Al respecto plantean que este valor implica la expresión de afecto, confianza, aceptación, seguridad y el compartir actividades.

El término amabilidad engloba muchos conceptos, tales como la atención por los demás, el respeto, la consideración.

Algunos diccionarios técnicos la señalan como una función mental que implica una disposición personal a cooperar con los demás, ser amigable y servicial, que es producto de la acción educativa del hogar y la escuela, y que se manifiesta en determinados comportamientos y normas de conducta.

En su sentido más amplio aparece conceptuada como un valor que impulsa a actuar mediante acciones y palabras para contribuir a hacer agradable el trato personal con los demás.

PARTICULARIDADES 1 Y 2 PRIMARIA

Un trato amable es un trato afable, complaciente, y afectuoso con los demás, que va más allá del simple contacto educado, como puede ser saludar o pedir permiso, es tener en cuenta a las otras personas, agradecerles su servicio, y ocuparse de los que nos rodean mediante hechos y detalles gentiles, corteses.

Los niños y niñas que inician el primer ciclo provenientes de la educación infantil ya traen algunos comportamientos amables que se les han enseñando, pero éstos son aún muy endebles, por su devenir psicológico, y aún suelen reaccionar de manera no amable ante determinados estímulos. Pero las nuevas condiciones organizativas que les impone la escuela les muestran patrones de comportamiento que son indispensables asimilar, y en el cual el ejemplo de los propios maestros es crucial.

Es por ello necesario que el maestro les muestre modelos de amabilidad con su propio comportamiento personal, y a su vez organice actividades grupales en los que los nuevos alumnos se vean presionados a asumir posturas amables, y a su análisis mediante asambleas del aula cuando existan transgresiones flagrantes del comportamiento amable.

PARTICULARIDADES 3 O SUPERIOR PRIMARIA

Los alumnos del segundo ciclo se encuentran en una delicada posición psicológica que obliga al maestro a manejar bien al grupo en lo que respecta a las relaciones entre los niños y las niñas, pues se atraviesa por un período de reclusión en el sexo: los niños quieren jugar solo consigo y evaden a las niñas, y aunque estas no lo son tanto, tampoco deja de estar presente. Esto puede conducir a relaciones antagónicas entre unos y otros.

El maestro debe propiciar actividades conjuntas que involucren a ambos sexos, por lo que la formación de equipos y grupos de trabajo siempre debe tener un carácter mixto y la distribución de roles y tareas sea siempre igualitaria. Dado su mayor poder de reflexión al maestro le es posible acceder a la valoración del porqué los niños han de ser gentiles con las niñas, no solamente mediante contenidos de la educación de la sexualidad, sino también mediante aquellos que tienen que ver con el conocimiento del mundo natural y la vida social.

Los comportamientos amables individuales y grupales como pueden ser ceder el paso a un adulto mayor al subir al autobús o ayudarle con la bolsa pesada que lleva, han de ser alabados en el aula, a la vez que se recrimine cualquier comportamiento no amable entre los alumnos, como pueden ser cualquier forma de agresividad, los modales bruscos, el tono elevado de voz, la manifestación de un vocabulario grosero, entre otros.

No obstante, y aunque sea reiterativo, nada hay tan afectivo como el propio modelo del maestro, que si es amable y gentil con sus alumnos, sus padres y otras personas que visitan el aula, les ofrece a aquellos patrones dignos de imitar, y que poco a poco interiorizan en su cotidiana vida escolar.